Sobre las pérdidas

A mis 28 años me ha tocado transitar meses de cambios en las dinámicas sociales debido a una pandemia mundial que ha ocasionado que, en muchos países, se hayan establecido medidas para limitar los derechos de movilidad, de reunión e incluso, que se haya impedido la operación de diversos sectores económicos ocasionando grandes y graves pérdidas a nivel global.

Tal vez, se esperaría que en este texto hable sobre todas las proyecciones económicas apocalípticas que hemos leído en los últimos meses. O tal vez que abordaría el tema de las pérdidas platicando sobre los millones de desempleados a nivel global, sobre las modificaciones en las relaciones laborales que se pueden visualizar debido a un incremento del trabajo remoto y la digitalización o, sobre el incremento de violencia doméstica debido al confinamiento obligatorio.

Sin embargo, esta vez quiero relatar cómo una persona común y corriente como yo, ha experimentado el famoso lockdown y quiero platicarles sobre las pérdidas que considero importantes para una modificación de hábitos, de creencias y por qué no, de vida.

1. Muestras de afecto a las personas amadas. Abrazar ya no es lo mismo. Al menos, siendo una persona joven debo decir que cuando llegamos a tener contacto con una persona de la tercera edad (abuelos, padres, tíos) sentimos una responsabilidad enorme por no contagiar y provocar la muerte de los más vulnerables. Somos mucho más conscientes de nuestras muestras de afecto, de nuestra distancia personal, de nuestra higiene. Esos apapachos revitalizantes de las abuelas se vuelven parte de las cosas que preferimos extrañar, con tal de mantenerlas a salvo.

2. La típica plática de amigas los Jueves por la noche. Luego de cinco meses de confinamiento he de decir que, al menos en mi caso, he tenido que cambiar la noche de drinks semanal en mi bar favorito por una serie de videollamadas con mis diferentes grupos de amigas, donde cada quien participa desde su casa. Si bien, al principio odiaba no estar en el mood, vestida para la ocasión, ahora puedo decir que tener unas chelitas y un vinito en el refrigerador se ha vuelto un hábito para estar preparada para la reunión urgente de mujeres que buscan un rato de distracción de la nueva normalidad que nos mantiene en el encierro. ¿Quien diría que no ir a los bares en mis 20s sería normal? jajaja.

3. Interacción personal en el trabajo. En primer lugar, debo decir que en efecto, soy una de las personas que tuvo que adaptarse al “zoomismo”. Hoy en día, todo mi trabajo lo realizo de forma remota y sostengo varias reuniones en videoconferencia con clientes y miembros de mi equipo. Siempre me pregunté que tan grandioso sería poder trabajar desde cualquier lugar del mundo y sobre lo interesante que es la vida de los nómadas digitales. No me mal entiendan, el trabajo remoto me ha encantado; sin embargo, he identificado como pérdida la capacidad de dar solución a los conflictos manteniendo una interacción personal en vivo -los mensajes de texto o los correos no siempre son aliados a la hora de dar solución a los problemas. Mirar a los ojos se vuelve mucho más relevante cuando los temas se tornan complejos dentro de los equipos y el distanciamiento y despersonalización de la comunicación en internet se vuelve un reto para los ejercicios de integración al interior de las organizaciones. Adicionalmente, las largas (o extendidas) jornadas de trabajo y la falta de movilidad en los espacios donde estamos confinados producen, al menos a ratos, una sensación de no tener actividades recreativas o de relajación.

4. Ritos y prácticas sociales relacionadas con la muerte. Si bien como mexicana la muerte siempre ha sido parte de mi cultura, debo decir que durante esta época todos nos hemos sentido mucho más cercanos a ella. Todos los días a las siete de la noche el gobierno nos reporta el número de casos y el número de muertos, haciéndonos mucho más conscientes de la fragilidad de la vida y lo efímero del mañana. Además, las personas que hemos perdido a algún ser querido en esta época (sea por COVID o no) hemos tenido que renunciar a los ritos del funeral y de rezos que tradicionalmente se hacen luego del fallecimiento de una persona. Lo difícil de renunciar al rito es que, de alguna forma, nos negamos la posibilidad de despedirnos como nuestra cultura nos ha enseñado sintiéndonos incompletos en los procesos personales de duelo.

Tal vez para algunos lectores las pérdidas que mencioné anteriormente podrían parecer por un momento “triviales”; sin embargo, son algunas de las que se sienten día con día. Es importante recordar que políticas públicas efectivas y servicios innovadores se han diseñado gracias a la capacidad de comprender lo que nos mueve, daña, emociona o perturba todos los días a las personas comunes.

Por lo anterior, creo que es válido considerar que analizar la cotidianidad nos puede dar mucho más luz para pensar en las soluciones que los gobiernos y las empresas deberán dar a las nuevas dinámicas sociales. El internet, la comunicación en línea, el distanciamiento social, las prácticas mínimas de higiene y el miedo al prójimo son elementos que rodearán nuestra vida, al menos, en lo que resta del año.

Por Alejandra. FM Thought

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